6 may. 2006

TEXTO PUBLICADO EN EL CATÁLOGO-ANTOLOGÍA

por lo pronto este abrazo en forma de texto
DE VISITA CON EL SEÑOR K
Por Rafael Bautista S.

¿Un poema? Esa era una respuesta habitual (también de quienes leían). Aquello fue una sorpresa por triple partida: la gente, los plásticos ynosotros (los convocados). Los plásticos eran cuatro: Marcelo, Laura, Marcia y Marcela. Nosotros éramos erráticos y la extrañeza venía de nuestro lado; pero, como dice Don K (alias Juan Carlos Ramiro Quiroga), se pudo leer fuera del texto.

La propuesta de los plásticos era simple: sacar la poesía de su ámbito estrictamente textual. Al principio me pareció otra de esas extravagancias posmodernas que, de tanto probar con todo (como en el sexo), ya no les queda sino todo con probar; y tenían para su disfrute a unos incautos (como nosotros) que lo único que habían hecho era escribir poesía.

Pero la cosa devino en otra cosa (que era cosa porque era plástica, se hacía todo con ella). Y debo reconocer que de la extrañeza pasé a la expectativa: ¿haber qué más se les ocurre? Entonces la experiencia que me traje fue, en mi caso, grata, aunque no sé si eso estaba calculado.Fue grata por doble motivo, porque aparte de la experiencia que nos regalaron los plásticos (se que no les gustará pero no se cómo decirles),nos acompañó otra, la que propinaron los propios convocados, en paralelo, al evento. De allí podría haber salido un cuaderno de memorias, con un primer capítulo titulado: el día en que el poeta se puso triste, y un epílogo que narraría el abandono hecho espuma en las cabañas. Pero vayamos a lo que hemos venido.

Le doy la razón a Don K. La resistencia se atrincheró de estelado. Y quienes asistimos debíamos haber entendido de principio que nuestra aceptación otorgabales el derecho a ellos (los plásticos) de des-hacer lo que estaba hecho en el papel. Porque una vez que la hechura salió de nuestra "intimidad", pues tiene que enfrentarse solito al mundo (como un soldado);para eso uno lo viste y le da la bendición, para que se vaya al mundo y ya no dependa más de nuestras faldas.

Toda lectura es una interpretación y lo que estaban haciendo ellos era eso:una (más) lectura; y si encontraron que las nuestras podían decirse de otrosmodos pues estaban nada más que confirmando la trascendencia de sentidos que ofrece un texto. El alboroto era en parte ese, la sos-presa que arrebataba la "inmaculada intención" dizque poética; pero no es para exagerar, porqueal final los escribientes se dieron cuenta de que la poesía no es tan inmaculada ni tan sagrada como virgencita de pueblo. Pero el alboroto seguía porque, una vez entendida la cuestión, quienes nos quedamos a discutir el asunto, ya nos encarrilamos en la chingadera esa, de tan entusiasmados que estábamos porque la cosa nos abría otras posibilidades que ni se nos ocurrió en la madrugada (ni con copas).

Así que creo que la sos-presa les agarró luego a los plásticos (hasta ya nos tuteaban y nos mandaban a echarle la firma) porque ya no nos podían contener (eso pasa por ofrecerle juguete nuevo a un niño malcriado) y estábamos que la cargábamos con todo (hasta el Vadik se puso a salmodiar gregorianamente),hasta que se nos acabó la estadía.

Pero antes que se nos cayera el telón, me llevé lo que pude: el libro de Homero; estas líneas de Pancho Azuela: "son las cien de la tarde/hoy se reúnen todos los siglos de una sola vez"; las palabras de Anabel; la paciencia de Marcelo y Laura; ¿quién será esa mujer que mereció 1000 poemas?; las preguntas-globos de Emma; un insecto que motivó el encuentro casual de un acordeón y un orureño que resultó ser moscovita; la ausencia de algunos; los muchachos de "Bellas Artes" y "De la Sierra", que me hicieron buscar en la memoria el sentido de la poesía: la poesía es la bandera de un pueblo que se sueña digno (tal vez por eso el neoliberalismo produjo tan pésima poesía); y el volador que me devolvió un agosto cuando fui feliz.

Don K nos trajo, en su pesada maleta, el volador que habíamos perdido alláen lo alto del cielo. Y nos dio las pistas de cómo pasó todo aquello: "mientras el asombro de los flamencos/se recorta en los rojos ponientes". Su volador me hizo dar cuenta el por qué las azafatas son todas tan lindas: se trata del encanto que brinda la levedad. No se podría cantar mejor estas líneas sino plagiando su voz (la del Don K) de abuelo cansado que abandona el sueño para contar una historia a los nietos: "algunas pajitas envueltas con hilo de araña". Y, olvidándome de Santa Cruz (de sus deslumbrantes apariencias y luminarias que dan más sombra que luz), desde los aires, pensaba en los voladores que había hecho, que se me habían ido, que nunca me enseñaron el asombro porque nunca (recién ahora) supe que un volador se debía hacer "con el asombro de los flamencos".


Cerca de las 2 de la madrugada, después de la nacionalización
rafaelbautistas@gmail.com

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