24/1/2014

PATRIMONIO BOLIVIANO / Laura R. Martínez

(esta entrevista fue realizada en 2011 con el propósito de ser publicada en una revista literaria de Buenos Aires, los vaivenes de la publicación -para no extenderme en detalles- hicieron que quede guardada todo este tiempo. creo en la palabra de esta autora y creo que está bien publicar esta vieja entrevista en este espacio. también como un gesto de ir hacia allá, a donde voy)

Jessica Freudenthal asegura que nació de pura casualidad en Madrid (España) el 6 de junio de 1978 y que es boliviana. Aunque esta primera línea parezca buscar una objeción, lo cierto es que Freudenthal llegó a Bolivia con tres años de edad, durante el gobierno militar de Luis García Meza (gobierno de facto que contó con el apoyo de la “inteligencia militar” argentina). “Como mis padres son bolivianos –relata– optaron por esa nacionalidad y crecí acá, en La Paz, Bolivia. La circunstancia fue la del retorno, el regreso de mis padres y mis abuelos a su país, al mío.”  
  
¿Cómo vivís la política? ¿Te interesan las ideologías?
Vivo la política como cualquier ciudadano de a pie.

Foto: Anuar Elías
¿Sentís que Bolivia determina de alguna forma tu producción literaria? Si así fuera, ¿a través de qué cosas lo notás?
Creo que el lugar donde escribes no determina pero si influye en la producción. Por ejemplo Hardware [su segundo libro, publicado en 2004] absorbió el humor negro mexicano, la risa ante la muerte, pero también las palabras, el ritmo del lenguaje. Ahora en Bolivia acabo de producir Demo, que está a punto de publicarse, es un poemario que habla sobre el proceso de “cambio” y los procesos político y socioculturales que se viven actualmente en mi país. Influyó entonces en mi escritura el sujeto poético plural, como el de los discursos políticos, y una serie de elementos históricos. El lenguaje de un lugar, su cadencia, sus movimientos, siempre influye en la manera de ver el mundo. Creo que vivir aquí también determina mi producción por la escasa (comparada con otros países como Argentina, Chile, México, etc.) producción y difusión de la literatura. No sé exactamente qué puede influenciar eso en mi escritura, pero creo que lo hace, me permite siempre volver al humor. Sin embargo, produje otro libro inédito que se titula El filo de las hojas, y es sobre un asesino serial (que asesina mujeres, y las mujeres son las letras del alfabeto), en ese libro el registro de la oralidad, el ritmo del lenguaje de Bolivia, se pierde. Tampoco el tema responde a mi contexto. La poesía es ficción, es literatura, en ese sentido el territorio no determina necesariamente la escritura. Otra cosa es lo que dije, respecto a la producción como tal, es difícil producir en Bolivia porque no hay apoyos estatales, becas, talleres, editoriales hay pocas, etc., son factores que limitan las posibilidades de producción de una u otra manera.

¿Qué descubriste con este último libro que mencionás, “El filo de las hojas”?, ¿descubriste al asesino? En otros términos, ¿qué mata al lenguaje?
El asesino me mató a mí, es decir, el libro quedó incompleto para siempre. No se puede matar al lenguaje. Por lo menos, mi asesino no pudo, yo no pude. Yo no descubrí nada, volví a la reconocida conclusión sobre la imposibilidad de la escritura.

Y con “Demo”, ¿cuál fue la búsqueda o la expresión/motivación que provocó ese texto?
Demo es un libro que parte de una tristeza, un desarraigo, un vacío. Cuestiona al sujeto poético plural, al “Nosotros”. Escuchando los discursos de cualquier político, es posible notar la implicación y de los sujetos a través de la palabra “Nosotros”: nosotros creemos que… hemos fundado tantas escuelas… nosotros queremos…. Decidí cuestionar este “nos” a través de un sujeto poético plural, que intente hablar como la masa. Por otro lado me dediqué a leer a Simón Bolívar, sus textos fueron perfilando el Demo, ante un país que replantea su constitución política del estado, y es hoy en día un estado plurinacional, así mismo releer el himno nacional, y darle la vuelta. Demo además se pregunta qué es un poema… Para qué sirve… Dónde comienza un poema, dónde comienza un país… dónde termina. Demo es una búsqueda de identidad. Demo es un ensayo, un simulacro, una demostración, una prueba, otro experimento… Y también intenta decir algo sobre la democracia: el pueblo y el gobierno… Me motivó a escribirlo ese “nosotros”, ese tomar parte de la opinión de todos. Me motivó a escribirlo todo lo que viene sucediendo en mi país.

¿Te ha costado publicar este libro?
No. Esta vez no. Tengo el respaldo de Hardware que fue reeditado. Eso me abrió las puertas de Plural editores, quienes se mostraron interesados desde el año pasado en publicar el libro, pero yo he continuado afinándolo. Es un libro que comencé a escribir en 2008. En 2009 estaba “listo”, pero no me convenció. Me ha costado publicarlo porque no termino de escribirlo. He tenido la suerte de que también se publicará con Catafixia editores en Guatemala, eso me ha dado mucha alegría.

¿Qué importancia le atribuís al publicar? ¿Cuál es tu necesidad de escribir y publicar?
Publicar para mí es decir lo que siento. Podré equivocarme, cambiar de parecer, pero mi necesidad es decir, por más ficcional que sea lo que digo, o por más apegado a una realidad. Mi necesidad también es crear, cambiar, crecer, pero sobre todo, aprender. Cada libro es un aprendizaje. Considero importante publicar, pues como se dice, los textos dejan de ser tuyos y pasan a ser de los lectores. Haces una distancia con esos textos. Ya no te pertenecen.

¿En qué circunstancias diste a conocer tus primeros textos?
En Bolivia no me iba bien con mis textos. Cuando me mudé a México en el año 2001 comencé a publicar en pequeños pasquines y revistas. Allí mi nombre empezó “a sonar” y comenzaron a invitarme a lecturas y festivales, y a publicarme en una que otra antología. También utilicé mucho la web, para difundir lo que hacía, o lo que creía que hacía. Luego, el 2004 se publica Hardware, ganador de una mención del Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal, el hecho de ganar una mención en un premio supuestamente importante en mi país, hace que el poemario se difunda. Además ese libro lo envié a varias bibliotecas, universidades, se lo regalé a escritores, amigos, lo vendí en ferias, lo llevo a todos mis viajes, es decir, me autopromociono (aunque muchos artistas y escritores detestan esa palabra). Por ese trabajo de autodifusión, el libro llega a conocerse, me invitan a varios festivales y el libro se sigue promocionando. Ahora está en su tercera edición.

¿Qué implica esa distinción entre “lo que hacía, o lo que creía que hacía”?
La escritura creativa en mi caso se daba, pero eso no asegura el rigor ni la calidad. No siempre fui conocedora de todo lo que es poesía, ni del género, ni de los autores. Me sentía atraída por cierto tipo de escritura y de autores, pero mis textos eran muchas veces producciones viscerales. Cuando comencé no siempre estuve segura de si lo que hacía era poesía, o qué tipo de poesía; tampoco manejaba concientemente todos los términos teóricos para definir, estructurar o planificar mis textos, como puedo hacerlo ahora. No digo que el acto sea controlado y conciente, pero vas adquiriendo herramientas y mañas con la práctica y el rigor. Por ejemplo, si en Hardware utilicé la intertextualidad y distintos registros del sujeto poético, es una obra que escribí entre mis 17 y 21 o 22 años más o menos, y se publicó a mis 25, por supuesto que muchas veces “creía” intuía muchas cosas en mi escritura, no estaba plenamente consciente de toda la estructura, las formas y los elementos que se dan en esa obra. Hoy es distinto, puedo dirigirme mejor, con más herramientas (y mañas).

Y esa duda sobre la importancia del Premio de Poesía Yolanda Bedregal, ¿la manifestaste por el premio en sí o por los concursos en general?
Uy, que detallistas en las respuestas. La duda es en la importancia de los premios en general. En Bolivia el premio de novela creo que es de 10.000 dólares o más, el de poesía es de 2000 ¿por qué? Otro ejemplo, quedé finalista en el premio Loewe de poesía en España, según la lista que me enviaron de 700 obras participantes Demo quedó entre las 17 finalistas ¿y? ¿eso a quién le importa? ¿a mi ego? ¿a mi bolsillo? Los premios son una cuestión del momento, el jurado, el azar. Sin embargo, no creo que los premios sean lo peor de lo peor, algo bueno traen: el dinero que a nadie le cae mal. Por eso he sido jurado tanto del premio nacional como del premio de poesía joven, para apoyar a escritores jóvenes y reconocidos, y respaldar a eso que fundamenta y en muchas dimensiones da sentido a mi vida que es la poesía.

Volviendo al tema de las publicaciones, ¿pensás igual de la autodifusión respecto de la autoedición?
La verdad me da igual. Yo en algún momento me autopirateé, mi editorial que sirvió para el tiraje de 130 Hardware se llamaba “editorial pirata de autor”, y la idea era que los autores que no podían reimprimir, reeditar o publicar con editoriales bolivianas o extranjeras que distribuyen acá en Bolivia, pudieran tener un cierto número de libritos. En mi caso, el Hardware se había agotado, y estaba cansada de esperar la reedición, la gente me pedía libros, así que me autoedité, con fotocopias, empastados y stickers. También colaboré con la Yerba Mala Cartonera [sello con el que publicó Poemas ocultos en 2006], pero me distancié justamente por la falta de interés en publicar poesía local y latinoamericana. Siendo una editorial alternativa y con otras miras, pensé encontrar una línea distinta, pero bueno, no fue así, y ellos siguen un buen camino. La autodifusión y la autoedición son decisiones de cada autor.

¿Vivís de tu escritura? ¿Siempre poesía?
No. Trabajé varios años como profesora en colegios. Luego estuve casi cuatro años dirigiendo el Centro de Acción Pedagógica de la Fundación Simón I. Patiño en La Paz, cargo que me permitió realizar el proyecto “Sensibilización Poética para niños y niñas de Bolivia” junto a mi grupo de promoción y animación de la lectura “Chuymampi Ser de Corazón”, llevando la poesía boliviana a las escuelas y a los niños. Era un trabajo apasionante, pero como también era administrativo no me dejaba tiempo para crear y me producía mucho stress. Así que ahora estoy desempleada, doy talleres de poesía en mi casa, y estoy buscando trabajo nuevamente como profesora, correctora, etc. Realizo consultorías para editoriales, talleres para niños y maestros sobre comprensión y animación de la lectura, producción de textos y escritura creativa. Continúo con el grupo “Chuymampi Ser de Corazón”, pero actualmente me dedico a terminar de estudiar literatura en la UMSA [Universidad Mayor de San Andrés, La Paz]. Es decir,  hago lo que puedo. Lo bueno es que son trabajos ligados a la lectura, que es lo que más me interesa. Sobre la segunda pregunta, me gusta también escribir ensayo, artículos y reseñas que han sido publicados en revistas web, blogs, periódicos y revistas literarias bolivianas. He intentado el cuento breve, pero la narrativa no se me da muy bien. Poesía sí, casi siempre, en distintas formas.


Presentimiento, origen del territorio.-
Habitualmente, en vos, ¿cómo aparece el poema? ¿Desde dónde se da esa escritura?
El poema aparece cada vez distinto, no hay algo habitual. Habitual es el rigor y la dedicación de escribir y leer. Habitual es el tiempo dedicado a la lectura, relectura y reescritura. Pero el poema no aparece de forma habitual, es siempre sorprendente. Escribo desde donde puedo, desde donde quiero. Muchas veces desde la cabeza más fría, otras muchas desde las entrañas más calientes. Me gusta trabajar los sujetos de enunciación, las perspectivas del hablante lírico. Me gusta escribir desde un lugar distinto cada vez, pero ser fiel a mí misma. No sé si el poema “aparece”, creo que es como en un acto de ilusionismo: lo haces “aparecer”. Trabajas en tus imágenes, en el tema, en el motivo que te provoca, pero sobre todo en los efectos de sentido que quieres que el texto produzca, y también te dejas sorprender por las palabras. El verdadero poema “aparece” del ejercicio de la relectura y la reescritura.

¿Ese ejercicio se podría asociar más a la palabra: sistema, método, inspiración o espontaneidad?
Sí, es un procedimiento, un sistema, que tiene también algo de espontaneidad. Si no, sería una cosa fría, calculada. El poema nace de algo que se quiere decir.

¿Hay algún autor o relato que atesores por actuar como llave hacia tu escritura?
Muchos. Pero al que siempre regreso es a Vallejo. César Vallejo es una clave y una llave.

¿Quiénes sentís que te formaron en la poesía? 
Los libros, las lecturas. En ese sentido, indirecto y casi fortuito, Jaime Sabines fue uno de mis primeros grandes maestros. Luego seguí con Baudelaire, Rimbaud… Y ya más adelante Juarroz y Pizarnik. Hasta que llegué a Vallejo y otros peruanos. En mis lecturas también fui haciendo camino por todo aquello que es poesía experimental, sobre todo visual, entonces, considero que me formé siguiendo por ejemplo a los Concretistas, y también a todo lo que es vanguardia y postvanguardia en poesía. Sin embargo, uno no puede negar encuentros maravillosos con guías en la escritura. Tuve la suerte de tomar un taller con Raúl Renán en el Centro Cultural del Bosque cuando vivía en México D.F. Un taller de poesía experimental de casi 8 meses de duración. Renán fue uno de los que me formó. En Bolivia considero que me han compartido algunas luces Blanca Wiethüchter, con quien tuve la oportunidad de tomar un taller, Humberto Quino, Rubén Vargas y Mónica Velásquez. Tomé varios talleres de escritura con otras personas que me dieron pistas. Creo que un libro siempre es un maestro, en ese sentido, casi todos los libros que leí me formaron en la poesía.

¿Cuál fue una notoria y apreciada pista para vos?
Como dije, qué leer, o alguna película, el nombre de un autor, el título de un libro.... Por ejemplo cuando en México conocí a la poeta Yamilé Paz Paredes, su escritura fue más que una pista, fue una puerta, y todo lo que ella me permitió conocer y leer. Algunas de las pistas fueron metodologías para comprender la poesía, para saber cómo abordarla, la comprensión de la lectura entonces para producir, en este caso. Sigo pensando que las pistas, las respuestas y las preguntas te las dan los libros, los autores. Por ejemplo, leer a Zurita, a Lihn, a Lira, a Maquieira… para mí ha sido más que pistas, han sido retos, para la lectura y la escritura.

Y ¿cómo llegaste a Juarroz y Pizarnik?
A Pizarnik no recuerdo como llegué… Cuando estás dentro de la poesía Pizarnik es inevitable, por uno u otro lado aparece. Alguien dice su nombre, la ves citada en libros de ensayo; en mi caso, no la estudié en la carrera de letras, por lo menos no su poesía, analizamos sus relatos. Pero a Pizarnik llegas, no hay cómo perderse, y a la vez, estás absolutamente perdido cuando la encuentras. Creo que el gusto personal también te lleva, Pizarnik tiene temas a los que recurrentemente regreso, como por ejemplo, la muerte, la extracción de la piedra de la locura y los textos que se refieren a la Condesa Sangrienta (Bathory) fueron un importante referente en mi adolescencia medio oscura y seudo darketa. Además, también porque siempre me gustaron los escritores metalingüísticos, aquellos que hablan sobre el lenguaje, la palabra, la poesía. Vallejo me atrajo también por eso. Juarroz aparece en esa búsqueda, y cuando vivía en México pude acceder a revistas donde lo entrevistaban y aparecía algo de su obra.


Frente de exploración.-
¿Crees que es importante lo nuevo en la expresión artística? ¿Por qué?
No sé bien como explicar esto de “lo nuevo”. Creo que la originalidad es parte de ser un buen lector, conocer lo que se ha hecho, por si se da la repetición, que sea conciente, sabiendo quiénes han trabajado qué cosas. Es imposible conocerlo todo. “Lo nuevo por lo nuevo” no me parece interesante. Creo que en el arte lo nuevo debe tener una propuesta que lo fundamente, una base sólida, de conceptos, de ideas, es decir, que sea una propuesta sólida. Como sucedió con las vanguardias, muchas de ellas intentaron transformar, reelaborar, el concepto de lo que hasta entonces se conocía como “arte”, en ese sentido la búsqueda de “lo nuevo” me parece interesante.

¿En vos lo nuevo lo atribuís a una búsqueda consciente y metódica o más a un disfrute de explorador?
Ambos. El rigor, la búsqueda (lectura consciente y metódica) pero si esa búsqueda no deviene en disfrute y placer, estaría perdida.

Alguna vez, ¿dudas de la poesía? Si así fuera, ¿en qué circunstancias?
Dudo cuando veo que la poesía sirve para el ego, para las roscas, para el poder, para publicar malos libros, para llenar los estantes. Después, no dudo.

En tu perfil de facebook te presentas como fundadora del exageracionismo. ¿Esa expresión es una ironía vanguardista?
Soy tan exagerada que si hubiera podido “crear” o dar inicio a una vanguardia sería esa: ¡el exageracionismo! Sí, es una ironía, obviamente. Todas las vanguardias son un poco “exageracionistas” y extremistas a mi parecer. Pero soy admiradora de ellas, y en la ironía va implícito mi homenaje.

¿Quisieras dar a conocer algunos de los puntos del manifiesto exageracionista?
No. Porque no hay.


Oficial de turno.-
¿Sos consciente de la referencia de tu escritura para las nuevas generaciones de autores bolivianos?                                                      
Sí. No significa que sepa con exactitud qué de mi escritura es una referencia. Pero entiendo que Hardware es un poemario que va por su tercera edición, como dije, cosa que sucede con muy pocos libros en Bolivia, y que por lo tanto ha tenido buena difusión y alcance. Además, he podido leer nuevos poetas con quienes comparto esa visión irónica del mundo, de las relaciones interpersonales, de la desacralización e inversión de roles. Una referencia es simplemente eso, un referente, para bien o para mal.

Como compiladora de la joven poesía boliviana, podrías comentar ¿qué escritores y/o estéticas percibís que marcaron a los escritores de tu generación?
Esto es muy difícil, cada quien tiene sus lecturas y su mundo. Sin embargo, en la introducción de Cambio Climático panorama de la joven poesía boliviana, el crítico Juan Carlos Ramiro Quiroga propuso que la mayoría de los autores habían leído a Pizarnik. Ella puede ser uno de los autores que marcó de alguna manera, pero no puedo asegurarlo. No podría responder concretamente esta pregunta, creo que son varios los autores que marcan a cada voz, pues insisto, cada quien tiene sus lecturas. La música es un elemento que sí ha marcado profundamente esas escrituras. Pienso que las estéticas vanguardistas y experimentales no se han diversificado ni explorado en Bolivia, y que quizás ello marca cierta contención de la escritura.

¿Quiénes o qué caracteriza el canon literario en Bolivia?
Pregunta difícil. No sé si hay un canon literario determinado y delineado en Bolivia. Recientemente hubo un gran debate sobre las “10 mejores novelas de Bolivia”, no sé en qué haya quedado. En las unidades educativas y de parte del estado no hay un plan lector definido, que elabore un canon dirigido a las lecturas básicas y fundamentales en nivel escolar, por ejemplo. En la Carrera de Literatura (sólo hay una en toda Bolivia) llevamos pocas materias dirigidas a la lectura de literatura boliviana, la poesía no tiene un lugar privilegiado. Pero leemos algo. Creo que hay lecturas fundamentales para los distintos “géneros”, pero es todavía un canon en construcción. En narrativa disfruto los cuentos de Oscar Cerruto, Augusto Céspedes. En poesía Saenz es indispensable, en géneros experimentales Borda es un pilar… El canon se perfila poco a poco. No sé exactamente por qué se caracterice. Sé que en la Carrera de Literatura de la UMSA el Dr. Guillermo Mariaca, docente del Taller de Literatura Boliviana tiene el objetivo de elaborar un canon de la literatura boliviana, explica él, que sea capaz de sustituir al que existe actualmente y al que le falta sustento teórico. Pienso que el canon está en reelaboración, con una mirada crítica de parte de las nuevas generaciones que tienen distintas lecturas y posturas ante el mundo.

¿Crees que esa falta de instituciones y planteos teóricos en la poesía también podría leerse como un beneficio para los escritores más jóvenes, para su acceso a espacios aún no tomados en la expresión?
Hay algunas lecturas críticas y planteos teóricos, pero falta difundirlas, socializarlas. Pienso que mi exposición literaria devino por otro lado. No sé exactamente cual. Sin embargo, a pesar de que la falta de instituciones y planteos teóricos puede dar ciertos accesos, creo que es una carencia. Por suerte los últimos años se ha encarado la lectura de poetas importantes bolivianos, realizando las obras completas de varios de ellos en ediciones que incluyen ensayos y estudios. Esto permite un conocimiento y un flujo distinto tanto para los críticos como para los creadores.

Pareciera haber varios jóvenes autores bolivianos residiendo afuera de su país y, aún así, desarrollando sus carreras literarias en Bolivia, ¿percibís lo mismo? Si así fuera, ¿a qué condiciones intuís que podría deberse?
Hay de todo. Hay varios autores jóvenes viviendo afuera, pero muchos viven en Bolivia y publican aquí. Las condiciones son muy variables. No creo que haya una sola. Tampoco me parece correcto dar una respuesta por intuición, pero creo que sería interesante analizar este fenómeno, y conocer por qué salen: estudios, trabajo, búsquedas personales, no lo sé. Yo salí, por ejemplo, para estudiar literatura en otro país, considero ahora que la Carrera de Literatura en Bolivia en la Universidad Mayor de San Andrés no tiene nada que envidiar a las carreras de México y España. Lo que sí extraño son los talleres literarios, las actividades, presentaciones de libros, enormes bibliotecas, casas del poeta, librerías con variedad de textos… Eso era una ventaja.

Desde otro lado, ¿qué escritores o libros debe transitar una persona que desconoce la literatura boliviana y desea incorporarla a sus lecturas? (no necesariamente poesía)
Ricardo Jaimes Freyre, Franz Tamayo, Hilda Mundy, José Eduardo Guerra, Augusto Céspedes,  Oscar Cerruto, Julio de la Vega, Edmundo Camargo, Luis Luksic, Arturo Borda, Jaime Saenz, René Bascopé, Jorge Suárez, Jesús Urzagasti, Blanca Wiethüchter, Humberto Quino. Guillermo Bedregal, Adolfo Cárdenas... Son los nombres que se me vienen a la cabeza. Seguramente me olvido de muchos. Entre los escritores jóvenes hay propuestas muy interesantes, como la novela Cuando Sara Chura despierte de Juan Pablo Piñeiro, y varios poetas como Anabel Gutiérrez, Millenka Torrico, Sergio Gareca...


Límite como extensión.-
¿Cómo se da tu acercamiento a la experimentación poética?
Primero porque se me daba “experimentar” con las palabras. Luego a través de las lecturas: Mallarmé, poesía concreta, Vallejo, Girondo, Huidobro… Las lecturas te abren el camino. Oquendo de Amat, y posteriormente Raúl Zurita. Hay muchos autores que he leído, pero el acercamiento se da porque empiezo a producir poemas “distintos” y en ese camino voy buscando referencias sobre la experimentación con la palabra. Más adelante, como comenté, tomo un Taller de Poesía Experimental con el poeta Raúl Renán en México, y allí consolido el gusto y pasión por ese tipo de poesía. Investigo mucho sobre este tema, me interesa, sé que en Argentina y Uruguay hubo revistas dedicadas a ella, y experimentalistas como Edgardo Antonio Vigo.

¿Qué clase de experimentación realizas?
Intento experimentar tanto en la forma, el soporte y el contenido. Como dije, por ejemplo, me gusta experimentar con enunciación. Otra forma es a través de lo que se conoce como “poesía visual”, utilizando la palabra como un objeto, esto no es novedad, pero tiene infinitas posibilidades. Los soportes son otro medio a través del cual, por ejemplo en el videopoema “Occiriente”, creación conjunta de Anuar Elías, mi esposo, en base a mi poemario Demo. Él hizo la propuesta de guión, de animación, musicalización, y bueno, fuimos coincidiendo en el soporte y otros temas. Me interesa la interdisciplinariedad. Me interesa también indagar sobre las posibilidades de la palabra en otros soportes, pero también sobre los límites del lenguaje escrito.

¿Sobre qué aspectos indagas?
Ahora los soportes. También los poemas que evidencian las relaciones de los morfemas y fonemas en el movimiento, explicitar como cambian de lugar y producen tanto otros significados como otros sentidos. Pero no sé con seguridad. Experimento, simplemente.

Crees que sería apropiado continuar hablando de literatura frente a la experimentación con la palabra en otros medios.
Gran pregunta. ¿Video poema? ¿Poesía virtual? Son extraños estos nombres, pero no dejan de lado el nombre del que se conoció como género literario. Este sería un gran debate. ¿Arte contemporáneo? No tengo las respuestas, pero seguiré mucho tiempo sobre esta pregunta.

Vivir la poesía a través de otras disciplinas, ¿qué tipo de preguntas te generan en torno a la escritura?
¿Qué es y qué no es poesía?, ¿cuáles son los límites de los llamados “géneros literarios”?, ¿cómo trabajar poesía en un mundo como el de hoy?, ¿qué otros soportes cohabitan y conviven con la poesía?

Llegaste a avanzar sobre la respuesta de alguna de estas preguntas.
Uff… Divagaciones… En ello se me irá el tiempo.

17/9/2013

LA DEMONIZACIÓN DE LO ORDINARIO / Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Marssac-sur-Tarn, en el Mediodía francés, a decir mío en la juventud, la región más hermosa del mundo. Y tal vez una de las más sombrías.

De la Lille grisácea bajé a la lodosa Amiens, atravesé el bosque de Compiègne, de tan alegres alguna vez y, posteriormente, nefastos recuerdos. París. Poitiers, hacia el sur, cuando se extraviaron las grandes ciudades y deambulé en la noche perdida de Lodève, en el Larzac. Percibí, ya entonces, lo sombrío del lugar, que años después se confirmó con las historias de la Bestia de Gevaudan, bestiarios medievales, piras humanas que iluminaban el cielo de los fatales albigenses, la tragedia cátara.

Béziers, Narbonne, lo mismo. Inmensos muros como queriendo detener el futuro; helados, negros, marcados de orín sus metales. Languedoc, Rosellón, trashumar por la geografía con los vellos erizados.

En Marssac-sur-Tarn, cerca de Albi, entre no más de tres mil habitantes, vive Guillermo Augusto Ruiz Plaza, escritor boliviano, poeta y cuentista, hábil prestidigitador de las oscuridades que abundan en los resquicios de ese otro sur. Cómo dio con su humanidad allí, es una interesante historia que podría servir para analizar la sabrosa hibridez literaria que lo caracteriza. Autor premiado, Guillermo parece trajinar con calma una senda segura en las letras, el paso y el pulso firmes, con garantía de buena literatura, sin por ello caer en la avidez de brillo, simple neón, que aparece en algunos contemporáneos suyos. No la necesita.

Leí de corrido La última pieza del puzzle. Eso dice mucho de un texto, su dinámica. Virtud que inmuniza a un libro contra desglosadores y críticos con ánimo de charcuteros.

En él predominan los entornos cotidianos, por lo general familiares, como en un réquiem de pesadas pausas, que hablan de abuso, dominio, obsesiones, miserias, elementos que, en una sociedad cerrada, no son circunstanciales sino característicos. Por tanto, van a despertar no sabemos cuándo una reacción que, a través de cada relato, se va haciendo cadena, no de horrores en mi opinión, sino de hálitos vivificantes. Por otro lado, el divertimento de intercambiar uno por otro, trastocar los roles, hace que la circunstancia fortuita desequilibre lo esperado, destruya las expectativas, invente otras. Un péndulo que pareciera moverse al mismo ritmo, pero no a la misma hora, en cada uno de los cuentos.

Dividido en dos secciones, La última pieza del puzzle explora en la primera, FUGA, los meandros por los que la gente transita para desembarazarse de esa carga que significa la sociedad, siendo la familia su mejor representación, y dentro de cuyos muros se sofoca el ser humano. Vale recordar a Octavio Paz en El laberinto de la soledad, y una explicación, la pongo sintetizada, del porqué de los asesinos y los asesinatos en Norteamérica: la violencia como último recurso, si no el único, para huir de la sordidez de las paredes que han tapado el sol. Violencia que, en estos relatos, guarda cierta cadencia y, al tiempo de señalar una salida, remite al término musical de fuga, variaciones en torno a un motivo que se repite. No en vano los epígrafes salen de grupos de rock y señalan el anti-establishment que las acciones de los protagonistas conllevan.

Es posible deshojar los relatos como unidades aisladas y disfrutar de cada uno en su excelencia singular, pero lo realmente valioso está en el conjunto que transmite –habilidad del escritor– una compleja sensación de horror y alivio y sorpresa, cuando los personajes, sobre todo en FISURAS, quebrantan las normas de lo aceptado, “lo real” tal como lo entendemos, con historias inesperadas. Me gustaría anotar un par de argumentos, mas eso le quitaría al lector el placer de ir descubriendo un sutil entramado que lo envuelve y lo atrapa hasta que, de pronto, en un giro, se abren fisuras, brechas en el muro de la realidad tal como la percibimos.

Dos epígrafes inician la demonización de lo ordinario que caracteriza este libro: una de The Wall, Pink Floyd, y otra de Sergio Pitol. La sentencia de Waters-Gilmour de que no somos otra cosa que un ladrillo en la pared, y que cada uno compone en comandita el muro que supuestamente protege pero que luego aprisiona. En algún momento, lo frustrante de esta sofisticada y viciosa prisión, burda y canalla a un tiempo, donde todo se acepta mientras esté escondido, tiene que estallar en violencia, en hijos contra padres, por ejemplo, emblema transgresor por sí mismo, explorado con horrorosa magia por Ambrose Bierce en El club de los parricidas.

La cita de Pitol sugiere la crueldad del encierro pero habla también de prodigios. Estos vienen en Ruiz Plaza con tintes oscuros. En FUGA, la violencia implica el ataque a lo más cercano, lo íntimo, lo que nos justifica y define: los padres y en suma Dios, el estatus quo que permite el horror codificado y aceptable. En FISURAS, en cambio, adopta formas que se desfasan de lo considerado normal por su matiz extraño o fantástico. Ambas atentan contra esas construcciones que hemos creado y seguimos creando para beneplácito y amargor nuestro, por paradójico que parezca.

La última pieza del puzzle no solo es un trabajo bien logrado en emociones extremas. Es pulcro, escrito con precisión y finura. La temática podría anunciar un universo de exabruptos y truculencia innecesaria, y no es así. Los narradores se mantienen en sus cabales. No forman parte del rito de la muerte ni se permiten ser fascinados y mareados por ella; no pierden la compostura y dicen lo que quieren decir. Hay suspenso y espanto; la fascinación le corresponde a quien está del otro lado de la página. Podríamos hablar de una complicidad que se crea con los protagonistas –victimarios o irreverentes, casi nunca víctimas o conformistas–. Sugerente, brutal, incluso apacible cuando el “trabajo” se ha “cumplido”, aunque esto implique quemar los restos del padre en la chimenea de casa.
Lectura vital, de riesgo, subversiva y sin embargo lúdica, que atenta contra los cimientos que sostienen el estrado. En Goya, Saturno devora a sus hijos (importa el arte, no la imagen). Acá es a la inversa: la sociedad se regenera a sí misma, se permite aberraciones y fomenta rebeliones siempre calculadas con meta de eternidad. Sin embargo, en este libro no hay respuestas. Cito al autor:
“(…) el puzzle de estos cuentos es metáfora de la realidad, donde siempre falta una pieza, a veces decisiva. De forma indirecta plantea la pregunta: ¿Es posible llegar a conocer la realidad? ¿O estamos condenados a interpretarla, es decir, a llenar sus brechas con la imaginación?”. Lo sabremos al colocar la última pieza… si la encontramos.


Fuente: Ecdótica

27/8/2013

EL POEMA COMO PAISAJE INDESCRIPTIBLE / Laura R. Martínez


quizá qué habrá pasado ahí
qué siempre habrá pasado.
Parece simple, partir de un hecho, una acción consumada. Luego, una idea de ese hecho, pero siempre el tiempo pasado como sujeto y la acción como circunstancia.
Marcia Mogro (La Paz, 1956) propone un texto construido no de impresiones, sino de sobreimpresiones; dos paisajes superpuestos y entramados en la lengua.

Acullicaban???
Preguntarse por el presente a través de lo que ya no está es un ejercicio casi mudo y solitario.  Intentar socializar esa ausencia se siente un valor que se excluye con otro en un interminable espacio de fragmentación del sentido.

piensa
en la temporalidad del cuerpo
qué significa esta invasión
esta irrupción brutal de la vida cotidiana

no hay manera de saber qué es lo que está aconteciendo
El tiempo se debate entre instancias incomprensibles, como en una planicie con pendiente que dos nombran a la vez kawéskar y jetáksor. Las palabras simples conforman esa planicie y las complejas declinan la pendiente, siempre contraria.

avasallando
desde la profundidad de una psicosis encubierta
desde lo cruel        desde la ambición fueron secuestrados
encerrados en jaulas
expuestos   desplegados  exhibidos
mostrados puestos a la vista lucidos
en las bellas capitales del otro lado del mundo
en la maravillosa sociedad civilizada estos indios ignorantes salvajes indocumentados extracomunitarios incultos miserables indecentes analfabetos mugrientos iletrados
Estados que describen otros estados. La autora reúne las voces en un discurso polifónico: cita, nombra, cuenta. Utiliza, como en otras oportunidades, la geografía de la página y conforma corredores asimétricos donde (expresión de Mónica Velásquez) “la palabra establece también sus geografías paralelas a la real para elaborar su dolor”.

selknam soñaba
(evocaba selknam)
selknam decía
selknam pensaba selknam
caminaba selknam
El poema evoca signos de una cultura rendida. Persiste en rastros de violencia disuelta en la prepotencia del olvido. Narra a destiempo un viaje de dos, que en la soledad que propone el paisaje recuerdan -no sin esfuerzo- la dignidad en estado precario.

como el viento que sopló ayer
así mismo jetáksor
modulación de la letra
de las gamas bajas jetáksor
de las diversas etapas
el perfecto sentido
jetáksor
Para el lector avanzar “Restos de un cielo”, el último libro de Marcia Mogro, podría asemejarse a hurgar en las notas personales de otro lector. Los hechos se presentan como voces que reconstruyen la historia.

sin embargo
cada pueblo
sabe
sus cosas
Estas palabras semiocultas en el margen derecho, arriban a una conclusión individualista y perversa, dando lugar a un paisaje favorable para el hecho consumado entre la belleza y la potencia como una maldición venerada por el tiempo.
La expresividad de Mogro (Semíramis, 16MG.-, Los jardines colgantes, De la cruz a la flecha, Lacrimosa, Excavaciones) en este último texto compone un extenso poema que incita una lectura sin esperas y nos ofrece revisar una guerra que aún hoy transcurre silenciada en el paisaje de la civilización.

Nota: Reseña libro "Restos de un cielo - partes, vestigios, fragmentos, rastros", de Marcia Mogro. 

20/6/2013

LOS TRES CIELOS / Homero Carvalho Oliva

La literatura boliviana, como nunca antes, se está mirando; con ojos críticos, pero también con asombro.

Los tres cielos es el nombre de la Antología de poesía amazónica que acabo de publicar con la renovada editorial Gente Común 3600, y que fue presentada en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz de la Sierra.

Sabemos que toda antología es arbitraria porque tiene que regirse por criterios predeterminados: edad, región, nacionalidad, pertenencia y otros. En Los tres cielos, en particular, se trata de incluir a poetas que han nacido o que están viviendo en la extensa región amazónica de Bolivia, que abarca más de dos tercios del territorio nacional y forma parte, a través de sus afluentes, de la cuenca mayor del río Amazonas o río de las Amazonas, nombrado así por Francisco de Orellana en homenaje a las mujeres guerreras que encontraron en su expedición. 

En este espacio socio-geográfico se encuentran los departamentos de Beni y de Pando en su integridad; así como una buena porción de Santa Cruz. Sin embargo, el imaginario literario cruceño está marcado por lo amazónico, como se puede apreciar en la obra de Raúl Otero Reiche, el gran poeta de la selva, cuya poesía es sugestiva y evocadora del mundo amazónico. 

No he incluido a La Paz, departamento que también posee provincias en esta cuenca hidrográfica, porque creemos que su cosmovisión y su espíritu son más andinos. Así, también he incluido a escritores que viviendo en otras regiones han dedicado su obra poética, o parte de ella, al imaginario amazónico. Tampoco he incluido a los hermosos cantos, mitos o leyendas de los cerca de 30 pueblos indígenas que habitan esta región, porque forman parte de la tradición oral y merecen un estudio especial. 

La motivación que me llevó a compilar estos poemas fue la de mostrar y difundir la producción poética de esta región, en un momento histórico importante para nuestro país, en el que la literatura boliviana, como nunca antes, se está mirando a sí misma. Nos estamos leyendo a nosotros mismos con ojos críticos, pero también con asombro.

Decidí ser ecuánime con los seleccionados y mostrar cuatro poemas por autor, buscando que sean representativos de su obra y que se ajusten a los objetivos de la antología. He incluido a autores de vasta trayectoria, reconocidos nacional e internacionalmente, así como a aquellos que se están dando a conocer. Esta compilación pretende convertirse en una provocación para que el lector desembarque en las librerías o en las bibliotecas buscando las obras de los autores incluidos. Asimismo, la presentación de los poetas se realiza por orden alfabético. 

La antología ya ha generado generosos comentarios que me han hecho llegar, tanto personalmente como a través de los periódicos, en el Facebook o por teléfono. Para todos ellos hago mías estas palabras de Julio Cortázar, contestando una carta de un amigo suyo: “Valía la pena escribir Rayuela para que alguien como tú me dijera lo que has dicho. Ahora empezarán los filólogos y los retóricos, los clasificadores y los tasadores, pero nosotros estamos del otro lado, en ese territorio libre y salvaje donde la poesía es posible y nos llega como una flecha de abejas, como me llega tu carta y tu cariño”.


Fuente: La razón. 20 junio. 2013. Con autorización del autor.

13/2/2013

LUMBRE DE CIERVOS, UN REGRESO AL NOMADISMO Y A LA NIEBLA / Paura Rodríguez Leytón

Lumbre de ciervos, el segundo libro de Emma Villazón, es el resultado de un laborioso oficio de cultivar poesía, una incursión respetuosa al espacio onírico que brinda la palabra en su estado puro.

Desde mi lectura, Parlamento, el segundo poema del libro, es la piedra angular que da pie y sustenta el recorrido que nos ofrece el conjunto de versos, que mantienen un ritmo interior permanente, y se depositan confiados sobre un sólido andamio que le permite dar giros, hacer muecas y moverse con certeza en un terreno pantanoso.

Nadie parte fácilmente y quizás nunca del todo/ de instancias mayores, sobre todo del lugar de origen, de esta torre ambigua y amenazadora, siempre hambrienta de sueños idénticos, advierte la poeta en Parlamento.  

Y el título del libro invita a pensar en una lumbre tenue, ambigua, a veces fría, en otros casos cegadora y, sobre todo, una lumbre cuyo origen palpita en la piel de lo animal. 

Esta lumbre podría ser tácitamente comprendida como la belleza pero la trama del libro y los recodos que ofrece, a veces como reflexiones, a veces como asaltos lúcidos, a veces como señales de desconcierto, nos precisan que esta lumbre de ciervos es algo más, es la belleza en sí pero atravesada por otros caminos y quizá uno de ellos sea el de la búsqueda. 

Un ciervo de corto pelaje y de fuertes músculos, habita un bosque umbrío y húmedo y la poeta, ingresa en él, a buscarse a sí misma, quizá guiada por esa lumbre, quizá alucinada. La lectura del libro también nos permite vislumbrar que tal vez no se trata del ingreso a un bosque, y que la poeta no va necesariamente al encuentro de nadie, porque ella es el ciervo. Se trata del viaje a un territorio mutante del que se puede pensar que es la propia poesía, así, indefinible; capaz de desentrañar las cosas terrenas desde un oráculo, que luego de cada palabra que pronuncia se va diluyendo y cae como arena a la arena. 

Y entonces ahí está la certeza de lo incierto: No he desaparecido, estoy en un sueño/ revestida por otro viento de sueño,/ en el que no puedo fiarme de los nombres/ de mi cuerpo ni de los días venideros, confiesa Emma en Balada de Sophie Podolski contra la desaparición.

Más allá de la certeza de lo que no se sabe ni comprende están el viaje, la partida, la migración, la casa que nunca dejamos, el cuerpo como la habitación más desconocida, la palabra como un hueso que se puede roer eternamente: Abandonarse al reposo ciego/ Para brotar la voz que descarcare crustáceos escribe Emma pero es tan profunda la búsqueda que este abandono no se resigna, y hay otras posibilidades que permiten que a partir de la voz ocurra lo cruel, lo que devasta y entonces dice Emma: habrá que ahorcar la voz.

 La lectura de Lumbre de ciervos es el ingreso a un espacio de numerosas posibilidades, a una casa que es la primera, la segunda y la tercera de las que habla la autora, pero que en definitiva sigue siendo la misma: es el encuentro con habitantes que exigen y gotean, es la mirada hacia un cielo que se desdobla.

Y no podemos olvidar al ciervo, al ojo abismal del ciervo, el ciervo-poeta; el ciervo-madre; al ciervo-hijo; el ciervo-amante. En él confluyen todos los ‘yoes’ de la que escribe (Emma) y del lector, cualquiera que fuese este.

En todo este viaje, hay un ancla que lucha por mantener lo cotidiano presente, lo de cada día, lo que nos hace humanos y es así que la poeta escribe: No he desaparecido, cavilo en mi cuarto, pájara curiosa, sobre las ejecuciones del tiempo./ No me protejo, Enmascarados vibran afuera de los siglos, espías de mis vocablos sin regreso.

Hay otros puntos que señalar, como que el oficio de ser poeta también está en la reflexión. ¿Es posible dar respuesta a la necesidad de escribir? ¿Dar explicaciones a ese tic que (cito) desteje oscurantismos linguales de gente errante?

De la lectura de Lumbre de ciervos me quedan imágenes poéticas impecables, misteriosas certezas y un acercamiento a lo etéreo; pues se trata de un regreso al nomadismo y a la niebla.

8/2/2013

ÁMBITOS DE LA LITERATURA /

Un sitio para aproximarse ciertamente a la literatura que se estudia y produce en Bolivia es el que ha desarrollado la Carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés. Aquí el link: Carrera de Literatura. Un excelente espacio para comenzar a comprender la realidad de la expresión literaria del país.

Eros y Tánatos en los cuerpos del ciberpunk
Jessica Freudenthal

Una reflexión sobre la influencia de los videojuegos en la ciencia ficción
Matías Contreras

Entidades pasajes: una lectura espacio-corporal del (y desde) el Ciberpunk
Bernardo Paz

Ciberpunk: el cuerpo máquina o el individuo virtual
Débora Zamora


18/1/2013

LUMBRE DE CIERVOS / Emma Villazón

Un pequeño adelanto del libro "Lumbre de ciervos", de Emma Villazón, que será presentado por la poeta Paura Rodríguez y el narrador Saúl Montaño, el próximo miércoles 23 en el Centro Cultural Santa Cruz (Santa Cruz, Bolivia).

Cé Mendizábal ha escrito: "Emma Raquel Villazón es la re-creadora de una poética que se mira y se lee con una mezcla de admiración y asombros de distinto ropaje, pues no solo raspa y raspa sobre un lenguaje de variada hondura y densidad, sino que además comprime y estruja la sintaxis —como para decirnos que el laberinto es el sueño de la línea recta—, e incursiona en lo hermético como para decirnos que es necesario voltear y lanzar las piedras al aire para descubrir sus sentidos y nuestro sentido".



Sueño del hijo

Sube a un alto puente y mira los techos codearse
con la desnudez del cielo; es un paisaje tan celeste umbrío
que imagina se esparce un ángel.
 —Todavía no sé si tengo el hijo, dice.
¿Qué hijo? En el sueño me daban el hijo en un cerro
en una aventura alpinista entre ramas copas densas caía
redondo rosado granada germen taurino auténtico —las píldoras
traicionaban entonces (a pesar de la marca) y los cerezos
volvían sus manos dulzonas en gesto de despedida

No sabía qué pérdida desde mi cuerpo emergía
de pronto venía el hijo como el nombre de un
dios cerrado o un indio coloso con el que solo se puede
hacer piruetas para no caer ante él; luego él lloraba
en mis brazos ¿¡Un indio coloso!? Sí, sobresalía él, pequeño
salvaje untuoso robusto en mi pecho e iba hacia mariposa o marca glacial infinita
cargado a mí lo llevaba a mi oficio de espía de tramas y arbustos

Lo único que sabía era que él no era mío a leguas lo olía
aun así, depositaria de zumbidos secretos, de un boquete terroso fluctuante
me asumía, debido a un ser no mío, siempre en el
sueño: él me devoraba una oreja lentamente con su boquita
en acción conjunta con la almohada
el colmo de lo extraño me venía el hijo, el no-hijo
 —Todavía no sé
                                                      si voló





Líneas sobre la tierra

Lo que no estaba, lo que desconocían los mercaderes,
los jinetes, un asomo de sol instintivo. Desde su médano, pedía crédito
el día. Nadie sabía adónde habían volado las parteras (solo el aire las oía,
atrapadas entre musgo y barro), mientras los perros
cometían el letargo. Era el tiempo de la caravana crecida, 
con su traqueteo de bienes descalzos y dientes límpidos,
desde donde todas las páginas decían empezaban. Como si
las ramas del deseo tuvieran raíces fijas, contables.
Nudo: Los mercaderes creen en el origen, en la perpetuidad
de la economía familiar, confían en que traspasan
horizontes sobre caballos coherentes.
Nudo II: Los mercaderes creen en ellos mismos,
lo que es lo mismo que decir en el mercado pero como principio infinito.


[en breve subieremos más textos de Emma Villazón (Nace en Santa Cruz de la Sierra, 1983. Es escritora y licenciada en Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales. Cursó la carrera de Filología hispanoemaricana en la UAGRUM. Ganó el Premio Nacional "Noveles escritores" de la Cámara Departamental del Libro de Santa Cruz, con Fábula de una caída (2007). Actualmente residen en Chile, donde cursa el Magister en Literatura latinoamericana y chilena en la Universidad de Santiago de Chile

15/8/2012

LOS TRES CIELOS / Homero Carvalho


Una nueva antología, esta vez el turno de los poetas del oriente. Los tres cielos, se presentará próximamente auspiciada por la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, Otro Arte para el diálogo y el desarrollo de las artes contemporáneas y bajo la mirada del escritor beniano Homero Carvalho.

El trabajo está compuesto por 46 autores de diferentes generaciones, todos nacidos o relacionados fuertemente con la región amazónica de Bolivia, integrada principalmente por los departamentos de Beni, Pando y Santa Cruz de la Sierra. 

"El imaginario literario cruceño está marcado por lo amazónico como se puede apreciar en la poesía de Raúl Otero Reiche" dice Homero y explica que no incluyó poetas paceños porque "su cosmovisión y su espíritu son más andinos" ni "a los hermosos cantos, mitos o leyendas de los cerca de 30 pueblos indígenas que habitan esta región, por formar parte de la tradición oral", esencialmente.

Sin embargo, el autor no evita cuestionarse si "¿existe la poesía amazónica boliviana?", una escritura que tendrá qué particularidades o quizá responderá a qué temáticas. "(...) existe una cultura que está definida tanto por la cosmovisión como por el lenguaje de las etnias que la habitan, que han fijado una manera de pensar y de sentir el universo (...)", fundamenta Carvalho.

Los tres cielos propone una lectura contextual de un conjunto diverso de autores unidos por un entorno geográfico común. Entre los textos se puede leer a Pedro Shimose, Gary Daher, Nicomedes Suárez Araúz, Blanca Elena Paz o Paura Rodríguez Leytón, por mencionar a algunos de la vasta selección. Todos ellos arriesgando, como expresa Homero, su interpretación del paisaje y el conglomerado que forman su gente y la cultura que lo habita.

La antología viene a sumarse al conjunto de libros que colabora al proceso de circulación y difusión de autores, en este caso, perteneciente a una región.



Homero Carvalho Oliva (1957) Escritor y poeta boliviano. Ha publicado tres libros de cuentos, siete novelas y cuatro libros de poesía: Cuerpos (1995); Las puertas (2006); Los Reinos Dorados (2007) y El cazador de sueños (2010). Ha obtenido varios premios de cuento en Bolivia y otros países, además del Premio Nacional de Novela de Santa Cruz, con Memoria de los espejos (1995) y La maquinaria de los secretos (2008). Su obra literaria ha sido traducida a otros idiomas, además de figurar en más de veinte antologías nacionales e internacionales.

13/8/2012

LENGUA GEOGRÁFICA / Pamela Romano

Las naranjas de otoño

soy algo
con lo que has soñado toda tu vida: seguramente
y huelo a acetona / desaliñada / despeinada
subiendo mi escote
una manera de decir que el encuentro es prolongado
en los lugares supuestamente prohibidos a los que acudo regularmente
y pido:
que mi madre nunca se entere de esto
por su bien
desde entonces -extraño- estuvo la piedra
como si alguien hubiera tocado la puerta y saludado por casualidad
pasaba / además ya te veía
te adivinaba en los quehaceres más absurdos
todo
el trayecto y la aventura de la frutera a la verdulera cuando regateabas
en es mercado miserable el precio de lo que se traga lo mismo
a cuando hablabas concienzudo con mi madre (gran chico)
para qué estamos –me pregunto– considerándonos
civilizados o simplemente algo coherentes: almorzamos

y caminamos de la mano luego para hacer digestión –asumir
con gran alarde el compromiso mutuo / a reglón seguido
caligrafía eximia / miramiento serio
del margen y pulcritud de Severino al borde de un ataque de nervios
que es en rigor lo que se dice ES (mayúsculas) esto el amor.
gran hallazgo

todos los días pierdo una llave y me las arreglo: trepo

lo que intuyo es mi propia casa y digamos paso por usurera
de las pepas que todos dejan después de haber comido endulzados (babeando)
una naranja en pleno otoño: en pleno umbral de mi puerta
por alguna razón
amanezco

demasiado empijamada en esa cama que me pertenece hace años
soy verdaderamente ejemplar
al abrir los ojos (otra vez) y pestañar / corresponde la visión
y las uñas ante ti / y ese cuaderno de 100 hojas que me regalaste
gran ocurrencia – para que escriba:
ciertamente

todo (se) acaba -prolongado al cien / escribir al revés a cuenta regresiva
99 98 97 etc- y todo queda: o tantos errores ortográficos incorregibles
o mejor quitar hojas romperlas -adelantarse- cuando se sale a la calle sabiendo
ya sin alhajas ya sin tintes / algo bajo el brazo

que es realizar la imagen del cero


Pamela Romano (1984, La Paz). Poeta, crítica de arte y artista audiovisual. Licenciada en Literatura por la Universidad Mayor de San Andrés. Hizo una tesis sobre la expresión neobarroca en Bolivia desde distintos soportes como la literatura, el cine y la pintura. Ha publicado el libro "Lengua geográfica" (Plural, 2009) con el que obtuvo Mención de Honor en el Premio Nacional de Poesía "Yolanda Bedregal". Su obra poética está recogida en varias antologías latinoamericanas. Tiene inédito el libro "Huasa".

En CIRCULO DE POESÍA, nuestra colaboración.