17 sep. 2013

LA DEMONIZACIÓN DE LO ORDINARIO / Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Marssac-sur-Tarn, en el Mediodía francés, a decir mío en la juventud, la región más hermosa del mundo. Y tal vez una de las más sombrías.

De la Lille grisácea bajé a la lodosa Amiens, atravesé el bosque de Compiègne, de tan alegres alguna vez y, posteriormente, nefastos recuerdos. París. Poitiers, hacia el sur, cuando se extraviaron las grandes ciudades y deambulé en la noche perdida de Lodève, en el Larzac. Percibí, ya entonces, lo sombrío del lugar, que años después se confirmó con las historias de la Bestia de Gevaudan, bestiarios medievales, piras humanas que iluminaban el cielo de los fatales albigenses, la tragedia cátara.

Béziers, Narbonne, lo mismo. Inmensos muros como queriendo detener el futuro; helados, negros, marcados de orín sus metales. Languedoc, Rosellón, trashumar por la geografía con los vellos erizados.

En Marssac-sur-Tarn, cerca de Albi, entre no más de tres mil habitantes, vive Guillermo Augusto Ruiz Plaza, escritor boliviano, poeta y cuentista, hábil prestidigitador de las oscuridades que abundan en los resquicios de ese otro sur. Cómo dio con su humanidad allí, es una interesante historia que podría servir para analizar la sabrosa hibridez literaria que lo caracteriza. Autor premiado, Guillermo parece trajinar con calma una senda segura en las letras, el paso y el pulso firmes, con garantía de buena literatura, sin por ello caer en la avidez de brillo, simple neón, que aparece en algunos contemporáneos suyos. No la necesita.

Leí de corrido La última pieza del puzzle. Eso dice mucho de un texto, su dinámica. Virtud que inmuniza a un libro contra desglosadores y críticos con ánimo de charcuteros.

En él predominan los entornos cotidianos, por lo general familiares, como en un réquiem de pesadas pausas, que hablan de abuso, dominio, obsesiones, miserias, elementos que, en una sociedad cerrada, no son circunstanciales sino característicos. Por tanto, van a despertar no sabemos cuándo una reacción que, a través de cada relato, se va haciendo cadena, no de horrores en mi opinión, sino de hálitos vivificantes. Por otro lado, el divertimento de intercambiar uno por otro, trastocar los roles, hace que la circunstancia fortuita desequilibre lo esperado, destruya las expectativas, invente otras. Un péndulo que pareciera moverse al mismo ritmo, pero no a la misma hora, en cada uno de los cuentos.

Dividido en dos secciones, La última pieza del puzzle explora en la primera, FUGA, los meandros por los que la gente transita para desembarazarse de esa carga que significa la sociedad, siendo la familia su mejor representación, y dentro de cuyos muros se sofoca el ser humano. Vale recordar a Octavio Paz en El laberinto de la soledad, y una explicación, la pongo sintetizada, del porqué de los asesinos y los asesinatos en Norteamérica: la violencia como último recurso, si no el único, para huir de la sordidez de las paredes que han tapado el sol. Violencia que, en estos relatos, guarda cierta cadencia y, al tiempo de señalar una salida, remite al término musical de fuga, variaciones en torno a un motivo que se repite. No en vano los epígrafes salen de grupos de rock y señalan el anti-establishment que las acciones de los protagonistas conllevan.

Es posible deshojar los relatos como unidades aisladas y disfrutar de cada uno en su excelencia singular, pero lo realmente valioso está en el conjunto que transmite –habilidad del escritor– una compleja sensación de horror y alivio y sorpresa, cuando los personajes, sobre todo en FISURAS, quebrantan las normas de lo aceptado, “lo real” tal como lo entendemos, con historias inesperadas. Me gustaría anotar un par de argumentos, mas eso le quitaría al lector el placer de ir descubriendo un sutil entramado que lo envuelve y lo atrapa hasta que, de pronto, en un giro, se abren fisuras, brechas en el muro de la realidad tal como la percibimos.

Dos epígrafes inician la demonización de lo ordinario que caracteriza este libro: una de The Wall, Pink Floyd, y otra de Sergio Pitol. La sentencia de Waters-Gilmour de que no somos otra cosa que un ladrillo en la pared, y que cada uno compone en comandita el muro que supuestamente protege pero que luego aprisiona. En algún momento, lo frustrante de esta sofisticada y viciosa prisión, burda y canalla a un tiempo, donde todo se acepta mientras esté escondido, tiene que estallar en violencia, en hijos contra padres, por ejemplo, emblema transgresor por sí mismo, explorado con horrorosa magia por Ambrose Bierce en El club de los parricidas.

La cita de Pitol sugiere la crueldad del encierro pero habla también de prodigios. Estos vienen en Ruiz Plaza con tintes oscuros. En FUGA, la violencia implica el ataque a lo más cercano, lo íntimo, lo que nos justifica y define: los padres y en suma Dios, el estatus quo que permite el horror codificado y aceptable. En FISURAS, en cambio, adopta formas que se desfasan de lo considerado normal por su matiz extraño o fantástico. Ambas atentan contra esas construcciones que hemos creado y seguimos creando para beneplácito y amargor nuestro, por paradójico que parezca.

La última pieza del puzzle no solo es un trabajo bien logrado en emociones extremas. Es pulcro, escrito con precisión y finura. La temática podría anunciar un universo de exabruptos y truculencia innecesaria, y no es así. Los narradores se mantienen en sus cabales. No forman parte del rito de la muerte ni se permiten ser fascinados y mareados por ella; no pierden la compostura y dicen lo que quieren decir. Hay suspenso y espanto; la fascinación le corresponde a quien está del otro lado de la página. Podríamos hablar de una complicidad que se crea con los protagonistas –victimarios o irreverentes, casi nunca víctimas o conformistas–. Sugerente, brutal, incluso apacible cuando el “trabajo” se ha “cumplido”, aunque esto implique quemar los restos del padre en la chimenea de casa.
Lectura vital, de riesgo, subversiva y sin embargo lúdica, que atenta contra los cimientos que sostienen el estrado. En Goya, Saturno devora a sus hijos (importa el arte, no la imagen). Acá es a la inversa: la sociedad se regenera a sí misma, se permite aberraciones y fomenta rebeliones siempre calculadas con meta de eternidad. Sin embargo, en este libro no hay respuestas. Cito al autor:
“(…) el puzzle de estos cuentos es metáfora de la realidad, donde siempre falta una pieza, a veces decisiva. De forma indirecta plantea la pregunta: ¿Es posible llegar a conocer la realidad? ¿O estamos condenados a interpretarla, es decir, a llenar sus brechas con la imaginación?”. Lo sabremos al colocar la última pieza… si la encontramos.


Fuente: Ecdótica

27 ago. 2013

EL POEMA COMO PAISAJE INDESCRIPTIBLE / Laura R. Martínez


quizá qué habrá pasado ahí
qué siempre habrá pasado.
Parece simple, partir de un hecho, una acción consumada. Luego, una idea de ese hecho, pero siempre el tiempo pasado como sujeto y la acción como circunstancia.
Marcia Mogro (La Paz, 1956) propone un texto construido no de impresiones, sino de sobreimpresiones; dos paisajes superpuestos y entramados en la lengua.

Acullicaban???
Preguntarse por el presente a través de lo que ya no está es un ejercicio casi mudo y solitario.  Intentar socializar esa ausencia se siente un valor que se excluye con otro en un interminable espacio de fragmentación del sentido.

piensa
en la temporalidad del cuerpo
qué significa esta invasión
esta irrupción brutal de la vida cotidiana

no hay manera de saber qué es lo que está aconteciendo
El tiempo se debate entre instancias incomprensibles, como en una planicie con pendiente que dos nombran a la vez kawéskar y jetáksor. Las palabras simples conforman esa planicie y las complejas declinan la pendiente, siempre contraria.

avasallando
desde la profundidad de una psicosis encubierta
desde lo cruel        desde la ambición fueron secuestrados
encerrados en jaulas
expuestos   desplegados  exhibidos
mostrados puestos a la vista lucidos
en las bellas capitales del otro lado del mundo
en la maravillosa sociedad civilizada estos indios ignorantes salvajes indocumentados extracomunitarios incultos miserables indecentes analfabetos mugrientos iletrados
Estados que describen otros estados. La autora reúne las voces en un discurso polifónico: cita, nombra, cuenta. Utiliza, como en otras oportunidades, la geografía de la página y conforma corredores asimétricos donde (expresión de Mónica Velásquez) “la palabra establece también sus geografías paralelas a la real para elaborar su dolor”.

selknam soñaba
(evocaba selknam)
selknam decía
selknam pensaba selknam
caminaba selknam
El poema evoca signos de una cultura rendida. Persiste en rastros de violencia disuelta en la prepotencia del olvido. Narra a destiempo un viaje de dos, que en la soledad que propone el paisaje recuerdan -no sin esfuerzo- la dignidad en estado precario.

como el viento que sopló ayer
así mismo jetáksor
modulación de la letra
de las gamas bajas jetáksor
de las diversas etapas
el perfecto sentido
jetáksor
Para el lector avanzar “Restos de un cielo”, el último libro de Marcia Mogro, podría asemejarse a hurgar en las notas personales de otro lector. Los hechos se presentan como voces que reconstruyen la historia.

sin embargo
cada pueblo
sabe
sus cosas
Estas palabras semiocultas en el margen derecho, arriban a una conclusión individualista y perversa, dando lugar a un paisaje favorable para el hecho consumado entre la belleza y la potencia como una maldición venerada por el tiempo.
La expresividad de Mogro (Semíramis, 16MG.-, Los jardines colgantes, De la cruz a la flecha, Lacrimosa, Excavaciones) en este último texto compone un extenso poema que incita una lectura sin esperas y nos ofrece revisar una guerra que aún hoy transcurre silenciada en el paisaje de la civilización.

Nota: Reseña libro "Restos de un cielo - partes, vestigios, fragmentos, rastros", de Marcia Mogro. 

20 jun. 2013

LOS TRES CIELOS / Homero Carvalho Oliva

La literatura boliviana, como nunca antes, se está mirando; con ojos críticos, pero también con asombro.

Los tres cielos es el nombre de la Antología de poesía amazónica que acabo de publicar con la renovada editorial Gente Común 3600, y que fue presentada en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz de la Sierra.

Sabemos que toda antología es arbitraria porque tiene que regirse por criterios predeterminados: edad, región, nacionalidad, pertenencia y otros. En Los tres cielos, en particular, se trata de incluir a poetas que han nacido o que están viviendo en la extensa región amazónica de Bolivia, que abarca más de dos tercios del territorio nacional y forma parte, a través de sus afluentes, de la cuenca mayor del río Amazonas o río de las Amazonas, nombrado así por Francisco de Orellana en homenaje a las mujeres guerreras que encontraron en su expedición. 

En este espacio socio-geográfico se encuentran los departamentos de Beni y de Pando en su integridad; así como una buena porción de Santa Cruz. Sin embargo, el imaginario literario cruceño está marcado por lo amazónico, como se puede apreciar en la obra de Raúl Otero Reiche, el gran poeta de la selva, cuya poesía es sugestiva y evocadora del mundo amazónico. 

No he incluido a La Paz, departamento que también posee provincias en esta cuenca hidrográfica, porque creemos que su cosmovisión y su espíritu son más andinos. Así, también he incluido a escritores que viviendo en otras regiones han dedicado su obra poética, o parte de ella, al imaginario amazónico. Tampoco he incluido a los hermosos cantos, mitos o leyendas de los cerca de 30 pueblos indígenas que habitan esta región, porque forman parte de la tradición oral y merecen un estudio especial. 

La motivación que me llevó a compilar estos poemas fue la de mostrar y difundir la producción poética de esta región, en un momento histórico importante para nuestro país, en el que la literatura boliviana, como nunca antes, se está mirando a sí misma. Nos estamos leyendo a nosotros mismos con ojos críticos, pero también con asombro.

Decidí ser ecuánime con los seleccionados y mostrar cuatro poemas por autor, buscando que sean representativos de su obra y que se ajusten a los objetivos de la antología. He incluido a autores de vasta trayectoria, reconocidos nacional e internacionalmente, así como a aquellos que se están dando a conocer. Esta compilación pretende convertirse en una provocación para que el lector desembarque en las librerías o en las bibliotecas buscando las obras de los autores incluidos. Asimismo, la presentación de los poetas se realiza por orden alfabético. 

La antología ya ha generado generosos comentarios que me han hecho llegar, tanto personalmente como a través de los periódicos, en el Facebook o por teléfono. Para todos ellos hago mías estas palabras de Julio Cortázar, contestando una carta de un amigo suyo: “Valía la pena escribir Rayuela para que alguien como tú me dijera lo que has dicho. Ahora empezarán los filólogos y los retóricos, los clasificadores y los tasadores, pero nosotros estamos del otro lado, en ese territorio libre y salvaje donde la poesía es posible y nos llega como una flecha de abejas, como me llega tu carta y tu cariño”.


Fuente: La razón. 20 junio. 2013. Con autorización del autor.

13 feb. 2013

LUMBRE DE CIERVOS, UN REGRESO AL NOMADISMO Y A LA NIEBLA / Paura Rodríguez Leytón

Lumbre de ciervos, el segundo libro de Emma Villazón, es el resultado de un laborioso oficio de cultivar poesía, una incursión respetuosa al espacio onírico que brinda la palabra en su estado puro.

Desde mi lectura, Parlamento, el segundo poema del libro, es la piedra angular que da pie y sustenta el recorrido que nos ofrece el conjunto de versos, que mantienen un ritmo interior permanente, y se depositan confiados sobre un sólido andamio que le permite dar giros, hacer muecas y moverse con certeza en un terreno pantanoso.

Nadie parte fácilmente y quizás nunca del todo/ de instancias mayores, sobre todo del lugar de origen, de esta torre ambigua y amenazadora, siempre hambrienta de sueños idénticos, advierte la poeta en Parlamento.  

Y el título del libro invita a pensar en una lumbre tenue, ambigua, a veces fría, en otros casos cegadora y, sobre todo, una lumbre cuyo origen palpita en la piel de lo animal. 

Esta lumbre podría ser tácitamente comprendida como la belleza pero la trama del libro y los recodos que ofrece, a veces como reflexiones, a veces como asaltos lúcidos, a veces como señales de desconcierto, nos precisan que esta lumbre de ciervos es algo más, es la belleza en sí pero atravesada por otros caminos y quizá uno de ellos sea el de la búsqueda. 

Un ciervo de corto pelaje y de fuertes músculos, habita un bosque umbrío y húmedo y la poeta, ingresa en él, a buscarse a sí misma, quizá guiada por esa lumbre, quizá alucinada. La lectura del libro también nos permite vislumbrar que tal vez no se trata del ingreso a un bosque, y que la poeta no va necesariamente al encuentro de nadie, porque ella es el ciervo. Se trata del viaje a un territorio mutante del que se puede pensar que es la propia poesía, así, indefinible; capaz de desentrañar las cosas terrenas desde un oráculo, que luego de cada palabra que pronuncia se va diluyendo y cae como arena a la arena. 

Y entonces ahí está la certeza de lo incierto: No he desaparecido, estoy en un sueño/ revestida por otro viento de sueño,/ en el que no puedo fiarme de los nombres/ de mi cuerpo ni de los días venideros, confiesa Emma en Balada de Sophie Podolski contra la desaparición.

Más allá de la certeza de lo que no se sabe ni comprende están el viaje, la partida, la migración, la casa que nunca dejamos, el cuerpo como la habitación más desconocida, la palabra como un hueso que se puede roer eternamente: Abandonarse al reposo ciego/ Para brotar la voz que descarcare crustáceos escribe Emma pero es tan profunda la búsqueda que este abandono no se resigna, y hay otras posibilidades que permiten que a partir de la voz ocurra lo cruel, lo que devasta y entonces dice Emma: habrá que ahorcar la voz.

 La lectura de Lumbre de ciervos es el ingreso a un espacio de numerosas posibilidades, a una casa que es la primera, la segunda y la tercera de las que habla la autora, pero que en definitiva sigue siendo la misma: es el encuentro con habitantes que exigen y gotean, es la mirada hacia un cielo que se desdobla.

Y no podemos olvidar al ciervo, al ojo abismal del ciervo, el ciervo-poeta; el ciervo-madre; al ciervo-hijo; el ciervo-amante. En él confluyen todos los ‘yoes’ de la que escribe (Emma) y del lector, cualquiera que fuese este.

En todo este viaje, hay un ancla que lucha por mantener lo cotidiano presente, lo de cada día, lo que nos hace humanos y es así que la poeta escribe: No he desaparecido, cavilo en mi cuarto, pájara curiosa, sobre las ejecuciones del tiempo./ No me protejo, Enmascarados vibran afuera de los siglos, espías de mis vocablos sin regreso.

Hay otros puntos que señalar, como que el oficio de ser poeta también está en la reflexión. ¿Es posible dar respuesta a la necesidad de escribir? ¿Dar explicaciones a ese tic que (cito) desteje oscurantismos linguales de gente errante?

De la lectura de Lumbre de ciervos me quedan imágenes poéticas impecables, misteriosas certezas y un acercamiento a lo etéreo; pues se trata de un regreso al nomadismo y a la niebla.

8 feb. 2013

ÁMBITOS DE LA LITERATURA /

Un sitio para aproximarse ciertamente a la literatura que se estudia y produce en Bolivia es el que ha desarrollado la Carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés. Aquí el link: Carrera de Literatura. Un excelente espacio para comenzar a comprender la realidad de la expresión literaria del país.

Eros y Tánatos en los cuerpos del ciberpunk
Jessica Freudenthal

Una reflexión sobre la influencia de los videojuegos en la ciencia ficción
Matías Contreras

Entidades pasajes: una lectura espacio-corporal del (y desde) el Ciberpunk
Bernardo Paz

Ciberpunk: el cuerpo máquina o el individuo virtual
Débora Zamora


18 ene. 2013

LUMBRE DE CIERVOS / Emma Villazón

Un pequeño adelanto del libro "Lumbre de ciervos", de Emma Villazón, que será presentado por la poeta Paura Rodríguez y el narrador Saúl Montaño, el próximo miércoles 23 en el Centro Cultural Santa Cruz (Santa Cruz, Bolivia).

Cé Mendizábal ha escrito: "Emma Raquel Villazón es la re-creadora de una poética que se mira y se lee con una mezcla de admiración y asombros de distinto ropaje, pues no solo raspa y raspa sobre un lenguaje de variada hondura y densidad, sino que además comprime y estruja la sintaxis —como para decirnos que el laberinto es el sueño de la línea recta—, e incursiona en lo hermético como para decirnos que es necesario voltear y lanzar las piedras al aire para descubrir sus sentidos y nuestro sentido".



Sueño del hijo

Sube a un alto puente y mira los techos codearse
con la desnudez del cielo; es un paisaje tan celeste umbrío
que imagina se esparce un ángel.
 —Todavía no sé si tengo el hijo, dice.
¿Qué hijo? En el sueño me daban el hijo en un cerro
en una aventura alpinista entre ramas copas densas caía
redondo rosado granada germen taurino auténtico —las píldoras
traicionaban entonces (a pesar de la marca) y los cerezos
volvían sus manos dulzonas en gesto de despedida

No sabía qué pérdida desde mi cuerpo emergía
de pronto venía el hijo como el nombre de un
dios cerrado o un indio coloso con el que solo se puede
hacer piruetas para no caer ante él; luego él lloraba
en mis brazos ¿¡Un indio coloso!? Sí, sobresalía él, pequeño
salvaje untuoso robusto en mi pecho e iba hacia mariposa o marca glacial infinita
cargado a mí lo llevaba a mi oficio de espía de tramas y arbustos

Lo único que sabía era que él no era mío a leguas lo olía
aun así, depositaria de zumbidos secretos, de un boquete terroso fluctuante
me asumía, debido a un ser no mío, siempre en el
sueño: él me devoraba una oreja lentamente con su boquita
en acción conjunta con la almohada
el colmo de lo extraño me venía el hijo, el no-hijo
 —Todavía no sé
                                                      si voló





Líneas sobre la tierra

Lo que no estaba, lo que desconocían los mercaderes,
los jinetes, un asomo de sol instintivo. Desde su médano, pedía crédito
el día. Nadie sabía adónde habían volado las parteras (solo el aire las oía,
atrapadas entre musgo y barro), mientras los perros
cometían el letargo. Era el tiempo de la caravana crecida, 
con su traqueteo de bienes descalzos y dientes límpidos,
desde donde todas las páginas decían empezaban. Como si
las ramas del deseo tuvieran raíces fijas, contables.
Nudo: Los mercaderes creen en el origen, en la perpetuidad
de la economía familiar, confían en que traspasan
horizontes sobre caballos coherentes.
Nudo II: Los mercaderes creen en ellos mismos,
lo que es lo mismo que decir en el mercado pero como principio infinito.


[en breve subieremos más textos de Emma Villazón (Nace en Santa Cruz de la Sierra, 1983. Es escritora y licenciada en Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales. Cursó la carrera de Filología hispanoemaricana en la UAGRUM. Ganó el Premio Nacional "Noveles escritores" de la Cámara Departamental del Libro de Santa Cruz, con Fábula de una caída (2007). Actualmente residen en Chile, donde cursa el Magister en Literatura latinoamericana y chilena en la Universidad de Santiago de Chile