22 feb 2010

ENTREVISTA / Gary Daher

Por: Óscar Gutiérrez Peña*

En una de ésas, vivir no es ni más ni menos que realizar un viaje. Venimos del misterio y hacia él volvemos, enriquecidos, quizás, por esta breve temporada en la Tierra que solemos llamar: ‘vida’.

Pues bien, de todos los viajes posibles, aparentemente hay uno especialmente importante: el viaje interior, que es aquél en cuyo recorrido podríamos llegar al conocimiento supremo: “el conocimiento de nosotros mismos”.

Gary Daher, escritor multifacético (ha resuelto con solvencia los desafíos que plantean la poesía, la novela y el ensayo), recientemente presentó su libro número catorce, un poemario con el sugestivo título de Viaje de Narciso (editorial Plural, 2009).

En él se describe (o por lo menos se intenta) el narrar de la única forma posible, es decir, mediante la poesía, algo que muchos intuimos y que pocos nos animamos a realizar: una sistemática, profunda y audaz inmersión en las profundidades de nuestra alma, a riesgo de encontrarnos allí con Dios o con el diablo (que, para el caso, son apenas dos ojos de una misma mirada).

Recostado en mi cama, paseaba intrigado por estas páginas y de pronto tropecé con una frase luminosa: “…y el cielo nace por todas partes”. Eso lo decidió todo. Tenía que conversar con el autor. Y así fue.

- ¿Qué es Viaje de Narciso?
- Es un libro de poesía. Construido como está con poemas, no se restringe a la unidad que naturalmente posee cada uno de éstos, sino que intenta construir un universo que en realidad es un viaje por el mundo interior.

- ¿Todos somos como Narciso, es decir, todos estamos enamorados de nosotros mismos o, peor aún, de la imagen de aquello que creemos ser?
- Sí, todos somos Narciso, y si no despertamos moriremos enamorados de nosotros mismos, aun a sabiendas que ese “nosotros mismos” es una población corrupta y alocada cuyo griterío permanecerá acaso más allá de la muerte física.

- ¿Y cómo creés vos que nos despertamos de esa torpe ilusión?
- La conciencia es hija de la noche. Y la noche, utilizando las percepciones de Jaime Saenz, en este caso, viene a ser como el espacio del cuerpo. Todos los obstáculos del cuerpo, que son los obstáculos de la vida, convocan a la noche, que vive en el espacio psicológico del cuerpo.

Pero todos los obstáculos no existen para disminuirnos o abatirnos. Si uno se da cuenta de la realidad verdadera, entonces se da cuenta de la noche, pero no todos la perciben.

Ahora bien, descubriendo la realidad de la noche en nosotros nace la necesidad de la luz, para que estas dificultades sean y deban ser tomadas como desafíos que sirven para crecer.

Estos impedimentos cotidianos se convierten entonces en verdaderos trampolines que nos conducen al hombre nuevo, al hombre rebelde, al hombre auténtico que duerme profundamente en nuestro interior.

Ese hombre debe despertar y levantarse para transformarse en una herramienta útil para el Ser, que aparece en todo su esplendor cuando se recibe la conciencia despierta. Cosa nada trivial y nada fácil…

- ¿Puede la poesía revelar las ‘verdades últimas’ de la vida?
- Sí, la poesía es la lengua de lo trascendente. Cuando se dice un poema hay algo que se mueve adentro. E inclusive sin saber qué es lo que se mueve nos sentimos tocados por algo superior que generalmente tampoco sabemos definir. Y aun cuando los poetas estén ciegos, harán de mensajeros, pitonisas, capaces de decir sin decir lo indecible.

Hay libros de todo tipo: fundacionales y prescindibles, esenciales y banales. En lo que a mí respecta, sé que Viaje de Narciso pertenece a la primera categoría, porque: “Sólo entonces/de repente/ todo cambia/ el mundo entero se hace tuyo/eres feliz/ -como si alguien podría descifrar esa palabra-/ y el cielo nace por todas partes.


* (La Paz, 1970). Poeta, periodista y docente en Comunicación Social. Texto publicado con autorización del autor.

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