31 jul. 2011

TIEMPO DE SIRENAS: UN RITUAL DE ENCANTAMIENTO / Carito Hoz de Vila

El canto de las sirenas siempre fue un misterio. Desde el principio de la vida ha sido perdición de marineros y héroes. Su belleza confundía hasta la plenitud y enloquecía los oídos. Escucharlas era sumirse en un trance, donde uno se exponía al peligro de morir, en un mar sin escape. Escribir es un acto similar de delirio: navegar en una incertidumbre, donde más se tiende a perder que a ganar. Exponerse a un azar, en la marea de un papel en blanco, es crear: el riesgo de dar vida a mundos prohibidos.

Adriana Lanza en su última obra, Tiempo de sirenas explora la travesía de hacer poesía, en una casa de “señales insólitas” como lo es la escritura, donde la palabra salva mundos de la muerte, y trae conocimientos de un más allá, sin saber a ciencia cierta qué  consecuencias traerá. Escribir es un acto de brujería. El peligro nace en esa curiosidad de crear y tocar la arcilla de lo desconocido. “Dejemos de lado las ideas de los cuerpos para postrarnos ante las sombras.” La poeta, al husmear historias, seres y emociones que permanecen intactos en la dimensión de sus sueños, se enfrenta a un despertar violento de la consciencia universal. El canto de sus palabras, al igual que el canto de las sirenas, se introduce a un mar de revelaciones aniquiladoras. Habitando las profundidades de su imaginación, estas sirenas arrastran fuerzas sobrenaturales, con el sólo acto de su invocación. Las palabras son un conocimiento que embellece y  desconcierta a la vez. La poeta viaja en ellas, se lanza a la aventura de llamarlas, escuchándolas y se pierde en sus fantasmas.

 “Algo te nacerá si apuntas al laberinto de la oreja /sin zurcido posible, /como cualquier otro hueco del cuerpo.” La iluminación trae el horror, cuando no está preparada para descubrir secretos de otros mundos, y poder manejarse con soltura entre ellos. Quizás porque hacerse preguntas es el delito de enojar al destino. “Te completas reviviendo el pasado/ cuando sin un pelo de hambre/miraste lo que no sabías./ Y te mostró colmillos.” Aún así, Adriana se introduce en la máquina del tiempo, presiona el teclado y viaja por las letras de su cuerpo y de todos los mundos. Adriana o Ariadna, al igual que una tejedora, se atreve a indagar en la tela de un Dios ilegible, para saber un poco quién  es y de qué está hecha en su origen. Esto la hará más a fin al mundo y la certeza de vivir. “El juego entre ser antigua y actual, /adolecer por estar prendida al mundo.” Su canto es la invocación sagrada al canto de un Diosa, la poesía, que en su forma de sirena, enloquecerá a Dios y lo hará hablar en una belleza incomprensible y total. “Muéstrate tal y como quieras, una más en la neblina de tu tiempo nuevo, /sumergida con cuerpo de sirena cantándole a Dios para enloquecerlo.”

El personaje de la sirena lo encarna a la vez esta poeta, en tanto bruja, mitad animal marino y  mujer terrestre, mitad ninfa y ama de casa, viviendo el conflicto de una doble vida, entre la realidad y el sueño; entre ser mujer que responde por sus obligaciones sociales como madre y trabajadora, o ser la diosa del arte, la loca y rebelde, que en sus visiones de poeta trastoca los principios de la vida. Entre ser común y corriente o una criatura mítica, transcurrirá su dilema, que sólo se resolverá con la fusión de estas dos identidades y la reconciliación de su oscuridad con su luz. Así, una galería de monstruos y seres mitológicos irán saliendo y entrando de su boca, una y otra vez, y poniendo en crisis sus debilidades y fortalezas. La escritora se expondrá a los demonios de su creación, en un ritual que partirá de la invocación, llegará al diálogo, luego al grito (desahogo) y desembocando en el silencio, encontrará su sanación. “Escribir sólo te salva./ Desflora la presencia que te ampara. /Tradúcela en iluminaciones pendientes/ de tus ojos a miradas antiguas.” 


Tiempo de sirenas
Te nombro diosa porque te hice una corona, brillante, esmerilada. No sé cómo invocarte si no es con ofrendas. Lo superficial me trasciende, me desmorona. No aparecen todas las voces en mi garganta. Cada uno canta como le viene, sintiéndose menos,  jurándose más en la esfera. Siempre solo escucha su I- Pod y entra en sí mismo. Ni el más ateo olvida a dios. Escribir con los dedos en vez del alma, es la mejor manera de tocarte mi reina. Hacer tus formas voluptuosas o ridículas. Pero que seas tú con lamentos y festejos en la soledad. Muéstrate tal y como quieras, una más en la neblina de tu tiempo nuevo, sumergida con cuerpo de sirena cantándole a Dios para enloquecerlo.

 
Adriana Lanza nació en La Paz Bolivia el 2 de noviembre de 1978. Estudió en la Carrera Experimental de Arte Mención Literatura en la Universidad Católica Boliviana. Realizó una Maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad Mayor de San Andrés. Publicó los libros Primer alumbramiento (Ofavim 2005), Libro de armar ( Preview Gráfica 2009) yTiempo de sirenas (Gente Común, 2011).