13 jun. 2006

ABI: POETAS-SANTA CRUZ

En la plaza 24 de Septiembre de Santa Cruz se realizó un experimento poético

- ¿Le puedo leer un poema?, decían los poetas a los cruceños antes de leerles poesías a través de un hilo y dos vasitos.

Santa Cruz, 25 abr (ABI).- La lectura también se puede hacer en las calles. Este fin de semana, ocho poetas leyeron sus poemas en la plaza 24 de Septiembre de Santa Cruz a través de un cordel y dos auriculares rústicos como parte de un experimento para hallar nuevas formas de expresión de la poesía, más allá de su marco de escritura. El evento fue organizado por el Centro Simón I. Patiño de la capital cruceña.

El encuentro de poetas, pintores, músicos y narradores en el Centro Simón I. Patiño se realizó a fin de preparar la muestra de poesía contemporánea en la Feria del Libro de Santa Cruz, del 31 de mayo al 11 de junio de 2006, en el marco de la Campaña de Lectura 2006.

Entre los poetas seleccionados e invitados para la caprichosa interpretación poética en una de las esquinas de la plaza 24 de septiembre estaban Emma Villazón Richter, Homero Carvalho, Benjamín Chávez, Vadik Barrón, Francisco Azuela (México), Rafael Bautista y Juan Carlos Ramiro Quiroga.

Entre los artistas plásticos que participaron en la reunión de trabajo que duró tres días estaban presentes: Marcia Lozano (Brasil), Marcela Polischer(Argentina), Valia Carvalho (Bolivia), la narradora Blanca Elena Paz (Bolivia), y otros.

La tarde del viernes 21 de abril cuatro personas aparecieron en una esquina de la plaza 24 de Septiembre del primer anillo de Santa Cruz de la Sierra y comenzaron a leer poesías a la gente a través de un cordel y unos vasitos. La comunicación fue brevísima. Lo suficiente para lograr del oyente alguna sonrisa o algún suspiro.

¿Puede leerme más?, pidió una niña que estaba acompañada de su madre y el hombre le leyó un par de poemas más. Sólo decían que eran poetas y listo. Uno de ellos se acercó a otra persona y le dijo: ¿señorita, le puedo leer un poema? Y empezó a leerle a la muchacha unos versos a través de ese precario medio de comunicación.

La lectura de los poetas parecía un juego de niños y la gente miraba. Y los oyentes que participaban sonreían mientras se colocaban uno de los vasitos en el oído para que el poeta continuara con su lectura. Había otra persona que filmaba el experimento y una mujer que tomaba fotografías.

¿Pero quiénes eran estos poetas? En el primer grupo estaban la joven poeta cruceña Emma Villazón Richter, el poeta cruceño-orureño Benjamín Chávez y Juan Carlos Ramiro Quiroga.

En el segundo grupo se aparejaron los poetas paceños Rafael Bautista y Vadik Barrón, el narrador y poeta Homero Carvalho, y el barbado poeta mexicano Francisco Azuela, quienes hicieron lo mismo, con algunas variantes que sacaron chispas de azoro a los organizadores.

Francisco Azuela se acercó a una pareja de enamorados y le leyó a la muchacha un libro entero a través del cordel y los vasitos. Varias personas rodearon y escucharon al poeta mexicano. Hizo reír mucho, con sus dichos y sus hechos de poeta tradicional y lisonjero.

El trabajo

Durante el fin de semana, los poetas y los artistas plásticos bajo la batuta de los argentinos Marcelo Santorelli y Laura Martínez trataron de hallar un punto de acuerdo para elaborar una nueva forma de ver y oír la poesía en el contexto de la muestra de poesía contemporánea. Cosa que se vio dificultada por la resistencia de los poetas de abandonar sus criterios y cánones tradicionales.

¿Pura chiripa o suerte? La grabación de la lectura del poeta Rafael Bautista resultó como anillo al dedo. La referencia al vacío de su poema contrastó con la silla vacía que se proyectaba en la sala refrigerada del Simón I. Patiño. Lo mismo sucedió con la grabación de la lectura de Vadik Barrón, que tuvo el acompañamiento del acordeón de un músico austriaco.

No obstante, el resultado de la grabación no fue el esperado por la joven poeta cruceña Emma Villazón, quien exigió que se volviera a grabar su lectura ya que la representación de la ciudad, tema central de su poema, fue ahogado por los pelotazos, mapamundis de uno y otro participante.

A pesar de tales fricciones, el domingo 23 de abril a las 18.30 se logró culminar con la grabación en vivo de la lectura de los poetas que interactuaron con las instalaciones y las imágenes que previamente habían elegido Marcelo y Laura para provocar reacciones creativas.

Parte de dicho material sonoro y fílmico fue presentado el lunes 24 al alumnado de los colegios cruceños De la Sierra y Bellas Artes en una sesión de lectura en la planta baja del Centro Simón I. Patiño, donde participaron todos los poetas invitados, excepto Benjamín Chávez y Blanca Elena Paz.

Rdc / Dgav Agencia Boliviana de Información

LA OPINIÓN / RAMONA

El festejo de la palabra

Homero Carvalho Oliva
Desde Santa Cruz - homero@cotas.com.bo



Hasta hace unos años era un lugar común afirmar que al desmesurado desarrollo económico de Santa Cruz le faltaba un correlato cultural. La brecha, sin embargo, se ha ido cerrando y la capital cruceña se ha consolidado como la sede de festivales internacionales de música, teatro, cine y, ahora, de literatura, convirtiendo a estos eventos en fenómenos culturales de gran aceptación ciudadana.

La Feria Internacional del Libro ha llegado este año a su séptima versión y su éxito se lo puede comprobar con simples números: el año pasado se presentaron veinte nuevos títulos, ahora debutarán cuarenta obras de autores locales, nacionales y del extranjero. De igual manera se espera que se duplique el número de visitantes. Esta superación tiene, sin duda alguna y hay que decirlo, el nombre de su organizador, Peter Lewy, y de quienes integran la Cámara Departamental del Libro.

El espíritu de Reiche

El espíritu del poeta Raúl Otero Reiche, que hubiera cumplido cien años, parece que ha sido invocado en esta nueva versión de la fiesta de la palabra escrita y la poesía es una de las grandes protagonistas del festejo. La Feria se inició prácticamente el día lunes 29 de mayo con la inauguración de un encuentro poético, organizado por Gigia Talarico y Juan Murillo y auspiciado por la Fundación Patiño, en el que participaron poetas de Argentina (Roberto Alifano y Ana María Giles), Chile (Eduardo Llanos, Francisco Véjar y Luis Arias) y, por supuesto, Bolivia (Gabriel Chávez, Vilma Tapia, Gigia Talarico y Aníbal Crespo, Claudia Peña, Gary Daher, Gustavo Cárdenas y Homero Carvalho). Debate, diálogo y lectura de poesía marcaron las tres jornadas. Se habló del “ser poético”, de las traducciones, de la existencia de una poesía latinoamericana, de los ríos de palabras y del paso del tiempo desde “Babel hasta Ricouer”. Por supuesto -como debe ser-, lo mejor del encuentro se dio fuera de los salones de Patiño entre vinos y otras hierbas.

Durante la Feria el público podrá asistir, también, a una “Muestra Poética”, en la que las creaciones de nueve poetas seleccionados con anterioridad, serán fusionadas a otras disciplinas artísticas como las plásticas, audiovisuales y musicales. Algo de vanguardia concebido por Laura Martínez y Marcelo Santorelli. La poesía tomará otros rumbos y, por lo que sabemos, será una ocasión imperdible para compartir la maravilla misma.

Once días con sus noches

Obvio novio que habrá un homenaje a Raúl Otero en cuya evocación se leerán poemas, se interpretarán melodías y se recordará su obra. Yo que no sé ni silbar, disfrutaré escuchando cantar el taquirari “El trasnochador”. Pena que no esté con nosotros doña Gladis Moreno porque su interpretación nos hubiera llorar, conmovidos por tan prodigiosa voz. Cómo te extrañamos, querida Gladis.

En estos once días con sus noches hablaremos de cuentos, de novelas, de ensayos, de teatro, de poesía. Habrá adulos, críticas, halagos, denuestos y otras cosas peores, como sucede cada año por estas fechas. Seguramente que nos lanzaremos flores entre los amigos (yo te presento y tú me presentas) y dejaremos las espinas para los que nos malquieren, para los que nos odian, para decirlo sin eufemismos (a esa presentación no voy ni loco). Habrá de todo, pero las obras quedarán ahí, en los estantes, en las vitrinas, en las manos de los lectores y el tiempo, ese severo juez, que dirá, infaliblemente, si valió la pena escribirlas.